Hace mucho que no subo post al blog y era algo que echaba de menos. Ha sido un año un poco movido en varios sentidos, y espero poder explicaros por qué dentro de poco. De todas formas, sienta bien volver a este que es nuestro rincón para hablar de comida y de salud.

Hoy os traigo una receta-invento de esos que hago de vez en cuando. Galletas saladas saludables. Un snack fácil y resultón, que puede ser útil para muchas situaciones. ¿Por qué galletas saladas? Os explico.

Los y las que seguís mi blog habréis visto más de una receta »dulzona» en la sección de recetas. Y no es ningún secreto: me encanta el dulce. Es compatible con ser nutri. El cómo una golosa consiguió evitar el dulce sin ansiedad…Os lo cuento en otro post. Aunque algo hablamos aquí.

Cuando hago inventos saludables intento darles ese sabor (sin azúcar). Pero con la receta de hoy me di cuenta de que es mucho más fácil hacer »inventos reposteros saludables» salados. Fácil en el sentido de que pueden tener mucho más sabor sin tirar de cosas muy energéticas (como la pasta de dátil). E incluso se pueden añadir varios vegetales, que nunca sobran, y no tienen tal vez tanto juego en las preparaciones dulces (excepto la zanahoria y la calabaza).

Estas »galletas» las hice pensando en unas galletitas saladas que había hace tiempo, con forma y sabor de pizza en miniatura (¿alguien se acuerda?). Y el resultado no ha sido decepcionante, aunque al final de la receta os daré algunos consejos sobre la textura. Y, espero que pronto, actualizaré este post con el segundo intento que tengo en mente hacer. De momento, os dejo cómo han salido la primera vez, porque me han gustado.

Ingredientes

(para 10-11 galletas; id multiplicando las cantidades si queréis el doble o el triple):

  • 25 g nueces (peladas)
  • 1 huevo (para el doble de galletas podría seguir valiendo 1 solo huevo si añadís más avena)
  • 35 g de copos de avena
  • 25 g de harina de avena
  • 3 segundos de chorro de aceite de oliva virgen extra (no usé cuchara)
  • Salsa de tomate casera (si hacéis más galletas, puede serviros la misma cantidad de sofrito):
    2 tomates
    Albahaca fresca
    Aceite de oliva virgen extra
    Especias al gusto, en mi caso: Orégano, Jengibre molido (poco), Ajo en polvo (o fresco y picado), pebrella, sal y pimienta

Elaboración:

Para empezar, preparamos el sofrito (la salsa). Rallamos dos tomates y los echamos en una sartén caliente con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. A fuego fuerte, dejamos que rompa a hervir mientras vamos añadiendo todas nuestras especias. La albahaca fresca, la picamos bien con el cuchillo y la añadimos. Importante remover casi constantemente si lo estáis haciendo a fuego fuerte. Si queréis hacer otras cosas mientras, pues lo dejáis a fuego más bajo y vigiláis de vez en cuando. Se tiene que evaporar prácticamente toda el agua, hasta que nos quede una salsa espesa. Corregimos de sal y pimienta si lo vemos necesario, y continuamos.

Separamos la yema de la clara. Mezclamos las nueces, los copos de avena y el sofrito con la yema. Cuando esté todo bien mezclado, añadimos las claras a punto de nieve y la harina de avena. Removemos con suavidad, hasta que esté todo bien mezclado.

Montar las claras hace que las galletas queden abizcochadas. Podéis omitir ese paso si preferís una textura más densa. Tampoco he nombrado en los ingredientes la levadura: podéis añadirle un poco en este paso.

Masa pizzalletas

Precalentamos el horno a 180ºC.

Mientras, en una bandeja con papel de horno o de aluminio (que previamente habremos engrasado), echamos pegotes de la masa. Es una masa más bien líquida, no se puede tocar con las manos, pero si os ha quedado demasiado líquida, le añadís más harina de avena. Podemos espolvorear más especias por encima antes de hornear. Orégano y pimienta en mi caso.

Pizzalletas antes del horno
Damos forma a los pegotes como buenamente sepamos

Horneamos a 180ºC durante 10 minutos y listo.

Consideraciones finales

Entre que llevaban poca harina de avena (no por nada; no quería pasarme y que matase un poco el sabor del sofrito) y que las claras a punto de nieve las hacen salir abizcochadas, quedaron un poco blanditas (no húmedas). Quedan con una textura agradable, de todas formas, y las veo perfectas para un almuerzo en el cole o una merienda, por ejemplo, acompañadas de una pieza de fruta. Si las queremos más toscas, con un toque más crujiente, echad más copos de avena o harina de avena, con alegría, y saltaros el paso de montar las claras. También podéis añadir más cantidad de frutos secos. De esta forma la masa quedará menos líquida y los pegotes más sólidos. Si os pasáis con los copos, podéis rectificar la textura con leche o bebida vegetal sin azúcar. Os pondré foto cuando yo lo pruebe. También, ahora que pienso, podéis añadir mucha más cantidad de copos de avena y prepararlas como unas barritas saladas (extender la masa en un molde, hornear, y cortar las barritas, como os enseñé en esta publicación de instagram).

¡AH! Y no se me olvida el consejo final: si queréis darle el toque de pizza final, añadidle un poco de queso por encima antes de hornear.

¿SIN GLUTEN/SIN HARINA?

Si sustituimos la harina de avena por harina de garbanzo, se convierten en un snack  muy interesante nutricionalmente hablando. Apto para celíacos e intolerantes al gluten, además.  

¿SIN HUEVO?

Alérgicos al huevo y veganos: podéis sustituir el huevo por semillas de lino (»yema») si no os importa sacrificar la textura de las claras a punto de nieve. Si no queréis perder esa textura, también podéis hacer merengue vegano; no tiréis el agua de cocción la próxima vez que cocinéis legumbre (esto será la »clara»).

Y eso es todo por hoy. Como siempre, gracias por venir, y contadme si lo probáis; me encantará verlo. Estoy en redes como @hayplatoencerrado.

¡Nos vemos en el próximo post!

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