Cómo hacer que los niños coman sano

 Saludos y bienvenidos a la guía rápida para hacer que un niño o niña comguia-ninos1a sano sin llantos ni peleas, enfocada a padres y madres, pero también a todo el entorno familiar del niño o niña. ¿Cómo hacer que coman sano? ¿Por dónde empezar? El pilar fundamental de todo el proceso siempre será el mismo: ejemplo constante y sin presión, siempre con tendencia a facilitar las cosas.

Preparación

Antes de empezar, es preciso resaltar 2 puntos que ayudarán a que el  proceso sea más sencillo:

Punto 1. Sanee su cocina

Sanear la cocina significa llenarla de alimentos buenos y evitar los no deseables para la salud. Convertirla en una fuente de recursos y no en una trampa para uno mismo.

Provéala de alimentos frescos, locales y de temporada (frutas, verduras, legumbres, frutos secos naturales o tostados sin sal,  carnes y pescados si se consumen, huevos –camperos mejor-, lácteos enteros y sin azúcar, bebidas vegetales sin azúcar si se consumen, cereales integrales –pan integral, pasta integral, arroz integral, avena…-, tubérculos, fruta desecada, semillas, patés de legumbres o cremas de frutos secos sin azúcar…)

Prescinda de los productos procesados (carnes procesadas: embutidos, salchichas, hamburguesas…, yogures de sabores, postres lácteos, actimels, petit suise, precocinados, salsas procesadas, croissants, napolitanas, bollería en general, galletas, refrescos, snacks, patatas fritas, chocolatinas, cacao en polvo azucarado…)

Busque alternativas sanas y ricas a su gula incipiente; cocine más y aprenda a guiarse por su hambre y no por su apetito. Puede empezar a coger ideas aquí, aquí o aquí. O puede visitar la entrada sobre el azúcar, si todo esto aún no le convence mucho.

Punto 2. Infórmese

Los productos comestibles para niños suelen ser tres veces peor que los productos comestibles para adultos. Hablamos de yogures infantiles, procesados cárnicos (salchichas…), galletas con caras sonrientes, vacas que se ríen… Un danonino tiene 1 cucharadita y media de azúcar, una galleta príncipe, más de una cucharadita (6,5 g) por galleta. Y no, su hijo no necesita azúcar para tener energía, aunque Cola cao se empeñe en decirlo. Una salchicha no es un aporte proteico de calidad. Los palitos de pescado no cuentan como pescado: antes que eso, es mejor que aprenda a quitarle las espinas a un pescado de verdad.

palitos-de-merluza
El pescado es 100% pescado. Las varitas de pescado son 61% pescado, el resto, ingredientes para abaratar costes y restar calidad. Fuente: http://www.findus.es/producto/varitas-merluza-congeladas/

Tras considerar estos dos puntos, pasemos a las 2 situaciones posibles: cuando los niños aún no han nacido, y cuando sí.

Situación 1. Si usted todavía no tiene hijos o hijas, replantéese su alimentación

Está de suerte, este es el estadio más sencillo: cuando los niños aún no existen. Que un niño nazca en un entorno alimentario saneado va a facilitar mucho las cosas, puesto que lo único que tendrá que hacer es aprender de ustedes, sus padres. Y como los niños solo hacen eso, aprender, pues ya está,  pleno, éxito prácticamente asegurado.

embarazo
Bebés que se gestan entre comida basura son bebés más propensos a la obesidad y a otras patologías. La enrevesada epigenética.

Situación 2. Si usted ya tiene hijos

Cuando los niños ya se han acostumbrado a consumir bollería, galletas y productos procesados, el proceso se complica, pero no se vuelve imposible. Ármese de paciencia, porque el proceso es LARGO, y tardará los años que tenga que tardar. No por ello pierda la esperanza, ni los nervios.

Paso 1. Antes de empezar, reordene su cabeza y créaselo

No pretenda que su hijo coma mejor si usted no lo hace. No pretenda comer mejor si usted no se lo cree. Infórmese lo suficiente como para considerar necesario comer de forma saludable. Encuentre alternativas sanas que le hagan no echar de menos la bollería y las galletas. De cualquier otro modo, sus hijos olerán la debilidad. Sabrán que usted en realidad no quiere comerse ese brócoli o que arde en deseos de comerse ese croissant. Asociarán el consumo de dulces –esporádico o no esporádico, da igual- a una liberación, qué gusto, qué bueno esto, y qué rollo lo de todos los días. Busque recetas. Lo importante, más que comer sano, es encontrar disfrute en hacerlo.

Paso 2. Sanee su cocina, pero más lento

Obviamente para buscar un cambio hay que hacer cambios. Empiece por cambiar las galletas y bollería de armario. Escóndalas. Que dé pereza ir a por ellas. Coloque botes de frutos secos naturales o tostados y fruta desecada por la cocina, a mano. Ponga el frutero bonito (ponga el frutero, si no estaba). En definitiva, facilite el acceso a los alimentos saludables y dificulte el de los alimentos no saludables (y compre, de forma paulatina, menos cantidad de estos últimos).

Paso 3. Si a su hijo le da pereza, a usted no

Prepare alternativas sanas, como pan de plátano, polos de fruta, hágale sándwiches/bocadillos sanos (con hummus, aguacate, tomate, queso fresco, manzana laminada, huevo duro, atún…), prepare tortitas sin azúcar, experimente con la avena, corte y pele la fruta si es preciso, aunque comerla a mordiscos también le enseñará cosas, haga pastel de verduras, compre arándanos desecados…en definitiva póngaselo fácil.
Si la elección de la merienda/almuerzo recae en lo que haya traído usted de casa, traiga solo cosas sanas. Si su hijo o hija tiene hambre las terminará comiendo, sino, tal vez no tenía tanta hambre. Puede que aparezca conflicto, puede que no; en cualquier caso no le grite,no se enfade, no le culpe; es completamente normal que se resista a cambiar lo que ya se había acostumbrado a hacer. Si su hijo o hija no merienda/almuerza, no morirá de inanición. Lo de las 5 comidas al día es un mito como una catedral.

Paso 4. Busque coherencia entre los miembros de la familia

Si algún miembro de la familia es el que trae los huevos Kinder, el que pone cara de asco a las lentejas o el que insta al niño a probar alimentos insanos, pausa antes de seguir. Es necesario dialogar. Es necesario que el entorno del niño tenga coherencia, que si queremos que coma saludable, su familia (no solo sus padres) coman sano también, y encuentren disfrute en hacerlo. O que, al menos, no pongan barreras en el proceso, que las opiniones están muy bien, pero a veces son contraproducentes (yo que tú…, qué más te da…, sólo es un niño…, tiene que disfrutar su infancia, POBRE…¿Pobre? ¿De verdad?). Si algún miembro de la familia insiste en poner trabas, y si razonar no funciona, le invitaremos a no intervenir en el proceso de educación alimentaria del niño/a. Al fin y al cabo, sus padres son quienes deciden cómo criarlo.

Paso 5. Durante las comidas

Sea flexible pero firme. Es decir, busque preparaciones sanas que se ajusten a los gustos de su hijo , pero no haga cambios drásticos con tal que coma (‘’a él le hago unos espaguetis con tomate porque si no, no come nada’’) (la moussaka con relleno vegetal puede ser un buen comienzo; este post de CreatiVegan -blog muy muy recomendable- nos da ideas sobre cómo cocinar aquello que no les suele gustar). Afortunadamente su hijo/a ha nacido en el primer mundo, por lo que no, no va a morir de hambre, no pasa nada si no come en la comida, lo importante es que pruebe cosas sanas y que vea que usted también las come. Ya merendará luego. No se enzarce en peleas, pues convertirán la comida en un momento estresante, lo contrario de lo que debería ser. Introduzca una buena ración de verdura en cada comida y cada cena. Rodee todo este proceso de la mayor normalidad posible, pues la idea es que sea algo cotidiano, que se haga sin esfuerzo.

Paso 6. Destierre los castigos y las recompensas 

No utilice la comida como un premio (si te portas bien tienes postre, etc.) ni como un castigo (si no te lo terminas todo no vamos al parque, etc.), ni como un consuelo (toma, una chocolatina porque te has caído al suelo y te has hecho daño), ni como una recompensa -la más complicada- (qué bien has hecho X, vamos a comprarte un helado para celebrarlo). Los alimentos insanos pueden tener sus huecos puntuales (1, 2, 3, 4 veces al mes) pero no tienen por qué rodearse de ese tipo de contextos, pues puede hacer que los niños usen la comida en el futuro para esos fines (de ello hablamos en la entrada de alimentación consciente).

comida-consuelo
Utilizar la comida como premio, castigo, consuelo o recompensa en la infancia puede alterar nuestro comportamiento alimentario en la adultez, haciéndonos comer en función de nuestras emociones y no en función de nuestra sensación de hambre.

Y para terminar de ilustrar esto, este anuncio de unas pizzas precocinadas usted-ya-sabe-cuales, que recomiendan tirar de comida procesada cada vez que no sepamos cómo manejar una situación con nuestros hijos/as. Y ya está. CON UN PAR.

Paso 7. Escuche el hambre de su hijo/a

Por último, no olvide que escuchar el hambre -dentro de un entorno con alimentos saludables- es la opción más sensata tanto para niños como para adultos. Así de simple.

Resumen final:

1- Poner a la vista alimentos saludables, ofrecerlos y comerlos usted mismo.
2- No tener comida basura en casa, no comprar dulces ni bollería.
3- No forzar, premiar ni castigar con comida.
4- Repetir hasta el infinito.

Si resulta conveniente, razone con su hijo de forma sencilla para que empiece a entender el porqué de todo esto, con explicaciones adaptadas a su edad. Nunca desista.

Y, de momento, nada más.
Como siempre, mil gracias por leerme, y ¡hasta la próxima!.

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